Las fábulas de mi abuela

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las+fábulas+de+mi+abuelaA través de los años, las fábulas han evolucionado a un nivel donde la doble moral se percibe fácilmente; aunque a decir verdad lo que tal vez ha evolucionado es nuestra mente y ahora podemos esculcar más a fondo estas historias. En los últimos años ha surgido el nombre de “fábulas modernas”, donde la enseñanza va más allá de la explícita y los típicos personajes buenos pasan a ser los villanos.

A veces pienso que mi ascendencia se preocupó por adelantarse a los tiempos y crear fábulas contemporáneas para esta época, sacándole provecho a la popular “malicia indígena” al realizar obras supuestamente para un público infantil.

El Caribe tiene ese don de crear historias fantásticas y entretenidas, cuentos llenos de mucha imaginación y recuerdos. No fui exenta de ser tocada por algo de esto gracias a mi abuela, quien me regalaba historias increíbles para calmar mi inquietud hasta lograr lo inesperado: dormir al huracán. Son cuentos que nunca me cansaré de contar, imaginar y sobre todo recordar. Esa forma encantadora con que mi abuela narraba los cuentos logró incentivar mi gusto por leer y hacer el intento de escribir desde niña.

Esta es una de las tantas fábulas contadas por mi abuela, que de manera sencilla y digerible para ciertos miembros de la familia con diferentes edades, lograron llenar de felicidad nuestra niñez y juventud. Hoy, ya adultos, la recordamos con gran afecto y agradecimiento; por tanto, mediante este escrito quiero hacerle un pequeño homenaje dando a conocer esos relatos que marcaron nuestras vidas.

La hamaca de Tío Conejo

Érase una vez en una tierra no tan lejana, un conejo que estaba muy endeudado y necesitaba encontrar la manera de pagar lo menos posible. No tenía plata, ya que se había comprado una hamaca que cantaba “ruinchio ruinchao arrucuchuchio arrucuchuchao” cada vez que venía cerca una visita. Los conocidos que le prestaron le estaban cobrando, entre esos el tigre, quién lo tenía amenazado de muerte. Entonces, a Tío Conejo se le ocurrió citar a todos a los que les debía de una manera estratégica.

Era un día de sol ardiente como de costumbre en aquellas tierras áridas, donde el aire era sofocante y húmedo. Tío Conejo estaba en el patio de su casa debajo de un árbol pasando la hora, cuando de repente se escuchó el canto de la hamaca “ruinchio ruinchao arrucuchuchio arrucuchuchao” y al mirar Tío Conejo a la puerta vio entrar a Tío Mono. Entonces Tío Conejo le dijo:

-Oh, Tío Mono, hazme un favor.

Tío Mono pensando que le iba a hacer una mala jugada para no pagarle, le dijo que no. Entonces Tío Conejo usando sus ojos tiernos y su gran astucia le dijo:

-Tío Mono, mira, no me digas así, espera a que te proponga el negocio, yo te voy a pagar, de eso no hay duda. Mira, necesito que te subas a ese árbol, allá arriba tengo un gajo de bananos, y cada vez que yo te pregunte “¿quién viene Tío Mono?” tú me dices quién es.

Tío Mono al ver el gajo de bananos no dudó en decir que sí. Entonces Tío Conejo se fue para el patio y dejó a Tío Mono en el árbol a la entrada de la casa. Minutos más tarde se escuchó “ruinchio ruinchao arrucuchuchio arrucuchuchao”.

-¿Quién viene, Tío Mono?

-Ahí viene una mujer elegante, bajitica, bajitica, con unas piernas delgadas, viene vestida toda de café, con unas medias veladas cafés y zapatos del mismo color, viene a paso ligero.

-Esa debe ser Tía Cucaracha.

Y así fue, Tio Mono dio en el clavo, efectivamente era Tía Cucaracha, quién en un santiamén estaba en la puerta de la casa.

-Buenas.

-Buenos días, Tía Cucaracha

-Vengo a buscar mi plata, Tío Conejo.

-Tranquila Tía Cucaracha, no tienes porqué ser agresiva, siéntate, ¿quieres una chicha? por aquí tengo una especialmente para ti.

A Tía Cucaracha le sonó la idea y aceptó con agrado.

– “Ruinchio ruinchao arrucuchuchio arrucuchuchao”

-¿Quién viene, Tío Mono?

-Allá viene una mujer vestida de blanco, con unas medias amarillas, el pelo pintado de rojo y la boca amarilla.

-Esa debe ser Tía Gallina.

La Cucaracha se asustó demasiado, y le dijo a Tío Conejo que la ayudara, entonces Tío conejo accedió.

-Venga ocúltese aquí, Tía Cucaracha.

La Cucaracha agradecida se escondió debajo de una totuma.

Un minuto más tarde llega Tía Gallina.

-Buenas.

-Buenos días, Tía Gallina.

-Tío Conejo, vengo por mi plata.

-Tranquila, Tía Gallina, pase, siéntese.

Tía Gallina un poco incómoda, aceptó.

-Tía Gallina, venga que por acá le tengo un postrecito, para que no diga que la atendí mal. Dijo Tío Conejo, mostrándole la totuma donde estaba Tía Cucaracha. Y al alzar la totuma, Tía Gallina se comió a Tía Cucaracha de un solo zarpazo.

– “Ruinchio ruinchao arrucuchuchio arrucuchuchao”

-¿Quién viene Tío Mono?

-Ahí viene una mujer vestida de negro como una viuda, con unas medias veladas negras y unos zapatos del mismo color.

-Esa debe ser Tía Zorra.

-Ay, Tío Conejo, ayúdeme, no deje que me vea.

-Venga Tía Gallina, ocúltese aquí. Le dijo Tío Conejo mientras la metía debajo de una caja de cartón.

-Buenas.

-Buenas, Tía Zorra, ¿cómo está?

-Tío Conejo, vengo por mi dinero.

– Pase Tía Zorra, ¿no quiere un tintico?

La Zorra un poco desconfiada accedió.

-Venga, Tía Zorra, que por acá le tengo un postrecito, para que no diga que la traté mal. Decía Tío Conejo mientras levantaba la caja de cartón ante la presencia de Tía Zorra, y ésta sin pensarlo se comió a Tía Gallina.

– “Ruinchio ruinchao arrucuchuchio arrucuchuchao”

-¿Quién viene, Tío Mono?

-Allá viene un hombre grande y musculoso, viene como enojado y tiene el cuerpo pintado de amarillo con unas rayas negras.

-Ese debe ser Tío Tigre.

-Tío Conejo, no deje que me vea, socórrame.

-Venga, Tía Zorra, que acá no le pasará nada.

Tío Conejo escondió a la Zorra debajo de una ponchera.

-Buenas, vengo por mi encargo.

-Buenas tardes Tío Tigre, viene a hora de almuerzo. Pase que por aquí le tengo un pasaboca.

Tío Conejo levantó la ponchera frente a los ojos de Tío Tigre y éste devoró a la Zorra.

– “Ruinchio ruinchao arrucuchuchio arrucuchuchao”

-¿Quién viene, Tío Mono?

-Ahí viene un hombre que camina en dos patas con una escopeta en la mano.

-Ese debe ser Tío Hombre.

-Me voy Tío Conejo, que yo tengo una deuda con ese señor.

-Venga Tío Tigre, escóndase mejor detrás de esa pared que el hombre lo puede alcanzar y matarlo.

Entonces el Tigre aceptó la oferta de Tío Conejo.

-Buenas, Tío Conejo, vengo por lo prometido.

-Claro, Hombre, por acá le tengo al Tigre y su plata, además de extra una piel de mono para que termine de adornar sus muebles.

Así Tío Conejo, solo le pagó al Hombre y saldó sus deudas.

Fin.

Escrito por: Alejandra Ortega R.  http://arrozconmangoycoco.blogspot.com/
Escrito por: Alejandra Ortega R.
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